25 marzo, 2008

LA PIEDRA DE GENGIS KHAN Y LA ESTRATEGIA DE LOS DIOSES LEALES

Fragmento del capítulo 42 del Libro 4 "La Historia de Kurt Von Suberman" de "El Misterio de Belicena Villca"
..............................Capítulo XLII.............................
"Crucé la avenida principal del Thiergarten acostado sobre un bólido que corría a más de cien kilómetros por hora, esquivando con reflejos instantáneos miles de baches de lo que parecía un paisaje lunar. Las baterías alemanas, alertadas por Otto Meyer, abrieron el fuego simulando tratar de acertarme, cosa que desconcertó a los rusos y los llevó a concentrar el fuego contra ellas, permitiéndome alejarme.
Diez minutos después entraba en el Gipfelstadt y circulaba a regular velocidad por la Gregorstrasse. Me detuve frente al 239, me levanté las antiparras, y observé a ambos lados de la calle: ni un alma. Pero lo más curioso era que, contrariamente a las demás manzanas, que habían padecido el demoledor ataque de los bombardeos, la que contenía la casa de Konrad Tarstein se hallaba intacta, como si la guerra no hubiese pasado por allí.
Nuevamente, como un Rito mil veces repetido, golpeé, la mohosa argolla que giraba en el puño de bronce.
–¿Sí? –la chillona voz de Tarstein se dejó oír a través de alguna rendija de la antigua puerta.
–Soy Kurt Von Sübermann; es decir, Lupus, soy Lupus, Camarada Unicornis.
Se abrió la puerta y Tarstein, en el colmo de la serenidad, repitió una vez más.
–Pase, lo estaba esperando. Son las 16 hs. Llega justo para una taza de té ¿si es que no le afecta adelantar una hora el horario inglés? –indagó con ironía.
–No, no. Un té estará bien. Ud. no sabe lo que he tenido que pasar para llegar aquí: literalmente, atravesé un desfiladero de munición pesada. En esos instantes no sabía si iba a llegar aquí; y no sabía tampoco qué iba a encontrar aquí. Se imaginará mi sorpresa al comprobar que no se ha apartado Ud. de sus costumbres habituales.
–Mi estimado Lupus, no es bueno para la salud que un viejo como Yo esté cambiando a esta altura su modo de vida –explicó con renovada ironía–. Venga, vamos a la cocina y tomemos ese té, y olvídese por un largo rato de lo que ocurre afuera. Deje todo sobre ese sofá, menos la alforja que contiene la Piedra de Gengis Khan. Porque para eso ha venido ¿no? Ha arriesgado una y mil veces la vida para cumplir con la Orden Negra: es Ud. admirable Kurt Von Sübermann, un Caballero digno del Führer, un Iniciado digno de los Dioses.
Como tantas veces antes, entré en la moderna cocina y me senté ante una mesita cubierta con fino mantel de hilo blanco. Tarstein preparó la infusión en una tetera de porcelana de Shanghai y llenó las tazas con té de la misma procedencia. Mientras lo saboreaba, ya más tranquilo, observé a Tarstein examinar la Piedra de Gengis Khan. Parecía conmovido, cosa insólita en él. Al fin preguntó:¿Sabe qué es esto? La prueba de que la Humanidad cuenta con una oportunidad, el testimonio concreto de que los Dioses del Espíritu se avinieron a tratar con los Grandes Iniciados que intentaban hacer realidad el Imperio Universal. Si ellos hubiesen triunfado en el siglo XIII, la Historia de la Humanidad sería muy distinta y el Enemigo no habría tenido posibilidad de constituir la Sinarquía Universal en el siglo XIV: por ejemplo, no habría sido necesario que Felipe el Hermoso disolviese a los Templarios entre 1307 y 1314 pues Federico II los tendría que haber liquidado, de buen gusto, en 1227. ¿Y sabe por qué ello no se realizó? Pues, porque esta Piedra que Ud. ha traído se extravió durante siete años claves, de 1221 a 1228. En verdad no se extravió sino que la extraviaron, a propósito del fracaso de los planes imperiales. !Ay, Lupus: si esta Piedra hubiese llegado a tiempo a manos del Emperador Federico II, quizás mi propia familia, la Casa de Tharsis, no habría sido exterminada en 1268!
Yo, naturalmente neffe, entendía muy poco de todo esto. Recién ahora, luego de leer la Carta de Belicena Villca, las palabras de Tarstein adquieren su verdadero y dramático significado. En aquel momento, Konrad Tarstein debió notar el desconcierto en mi rostro pues procuró aclarar con otras palabras el sentido de aquella increíble Reliquia.
–¿Recuerda la historia del Emperador Federico II Hohenstaufen? –preguntó enérgicamente.
–Sí. Es decir: recuerdo algunos hechos salientes –respondí vacilante.
–Pues bien. Este hecho es muy saliente. ¿Recuerda lo que sucedió con su voto de Cruzado?
–¡Oh, sí! –afirmé, complacido de no ser totalmente ignorante–. Creo que Federico II fue coronado en Aquisgran, en 1214, y allí hizo el voto fatal a Inocencio III de emprender una Cruzada a Tierra Santa; por diversos motivos, no cumplió esta promesa hasta 1228, lo que le costó innumerables complicaciones con los Papas, que derivaron en excomuniones y guerras.
–Las fechas son correctas, Lupus. Lo que Ud. no conoce con exactitud, porque ha permanecido en secreto hasta ahora y sólo era del dominio de ciertas Sociedades Secretas, es el verdadero motivo por el cual Federico II retrasaba su viaje a Palestina. Y ese motivo es éste: la Piedra de Gengis Khan. Federico II esperaba desde 1221 la llegada de un Iniciado mongol que sería portador de un pacto escrito entre el Emperador de Oriente y el Emperador de Occidente: tal Iniciado no llegó nunca a Sicilia y la razón fue que lo asesinaron en la Siria franca por orden de los Druidas católicos. Cuando Federico II se decidió al fin a viajar a Medio Oriente, lo hizo con el propósito de rescatar la Piedra de Gengis Khan, que estaba en poder del Señor de Beirut. Pero ya era tarde para consumar el pacto metafísico, para someter el Orden del Mundo al Imperio Universal: Gengis Khan había muerto en 1227 y sus sucesores, que no eran Iniciados, cayeron rápidamente en manos de los Sacerdotes de la Fraternidad Blanca.Vale la pena conocer la historia con todos sus detalles, porque ahora, 700 años después, ha vuelto a presentarse la posibilidad de erigir el Imperio Universal. Y como entonces, la verdadera lucha se da en el plano de los Grandes Iniciados y de las Altas Doctrinas: el Imperio Universal contra la Sinarquía Universal; la Sabiduría Hiperbórea contra la Cultura judaica; el pacto del Führer con los Dioses Leales de Agartha contra el pacto de un puñado de hombrecillos, Churchill, Roosvelt, Stalin, De Gaulle, etc., con los Dioses Traidores de Chang Shambalá. Las enormes matanzas de las masas combatientes impresionan pero carecen de importancia, siempre carecen de importancia, frente a la confrontación de los Iniciados y los Dioses. Esta Piedra, que Ud. ha hallado en el Castillo de Federico II, era el pacto de los Emperadores con los Dioses de Agartha que iba a posibilitar la realización del Imperio Universal en el siglo XIII. Federico II la hizo ocultar por Iniciados Hiperbóreos, expertos en la Construcción Lítica, con la consigna de que sólo fuese encontrada por el futuro Emperador Universal. Esta Piedra, como Ud. comprenderá, pertenece al Führer.
–Entonces debí entregársela a él personalmente, cuando pasé por el bunker hace unas horas –reflexioné tontamente.
–¡No, Lupus! Esta Piedra será entregada al Führer en el Oasis Antártico donde ahora se encuentra. El Führer del bunker es posible que a estas horas haya muerto.
–No comprendo –confesé, aún sabiendo que mis palabras irritarían a Konrad Tarstein.
–¡Pues debería comprender! –reclamó con previsible enojo– ¡Al fin y al cabo Ud. también es un Tulku ! Los Tulkus, mi estimado Lupus, poseen varios cuerpos. Y nadie sabe ni cuántos ni dónde. Como le dijeron con acierto en el Tíbet, en el Tercer Reich se ha dado el extraño fenómeno de que existen muchos “Dioses reencarnados”; muchos Tulkus, Kurt Von Sübermann.
El Führer es un Tulku y no tiene nada de extraño que él muera en Berlín y, simultáneamente, viva en la Antártida. A ese Führer, poderoso y fuerte como él era a los veinticinco o treinta años, le haremos llegar la Piedra del Pacto de Sangre con Agartha.
Fue más fuerte que Yo y tuve que inquirir:
–Pero ¿el Führer era consciente de que disponía de esa extraordinaria facultad?
–Ud. “Shivatulku” ¿sabe dónde están ocurriendo sus otras, necesarias, existencias?
–De cierto que no.
–Pues allí está la respuesta que busca. Si Ud., tan luego Ud., es incapaz de responder ¿cómo quiere que conozca Yo el proceso de un Tulku?Sin embargo le daré una idea –concedió–. Es así como Yo imagino el proceso de los Tulkus: un caso especial de metamorfosis. Establezcamos una relación de analogía entre los Tulkus y los insectos lepidópteros, y supongamos que toda la vida de un ejemplar Tulku, tal como el Führer, Ud., o Rudolph Hess, es análoga a una mariposa lepidóptera . Supongamos también que existe un conjunto de larvas gemelas que, por una ley particular de los Tulkus, permanecen en estado de vida latente mientras la mariposa desarrolla su vida activa. Y, por último, supongamos que las especiales leyes de los Tulkus determinan que al morir la mariposa, automáticamente una de las larvas retoma el proceso de metamorfosis y se transforma en crisálida, generando una nueva vida activa y una nueva realidad. Claro, porque la vida larval es vida latente, y la vida activa, de las mariposas y los Tulkus, es vida real: la realidad de la vida le corresponde pues, a las mariposas-Tulkus; las larvas-Tulkus viven en un plano de existencia no real, pero sí posible: tal existencia no es del mismo grado que la que demuestran las mariposas-Tulkus. Sólo si muere una mariposa-Tulku, o si actúa una ley de los Tulkus que exija la existencia de dos o más mariposas-Tulkus, una larva-Tulku se transformará en real. Pero, mi estimado Lupus, ¿quién conoce las leyes de los Tulkus? ¿quién sabe cuantos hombres-Tulkus pueden existir en estado larval? Un hombre común puede tomar una sola decisión para realizar en un tiempo y espacio determinado: si las alternativas son dos debe decir sin dudas “voy a hacer esto” o “voy a hacer lo otro”. El Tulku, por el contrario, puede optar por realizar ambas posibilidades, aunque para ello necesite, lógicamente, disponer de dos realidades simultáneas. El Tulku puede, por ejemplo, decir “voy a quedarme en Berlin, y voy a morir allí si el Tercer Reich pierde la guerra” y decir también “voy a retirarme a los Oasis Antárticos, junto con la Elite de ­la , para preparar la Batalla Final contra la Sinarquía Universal”, y cumplir ambos enunciados. Para una persona común sería imposible realizar las dos sentencias, pero para un Führertulku ello es perfectamente posible.
Naturalmente, Lupus, que las dos o tres realidades del Tulku sólo habrán de coincidir en el Tulku mismo, en el contexto que le confiere significado y que él significa. Fuera del Tulku, las realidades de los Tulkus vivientes pueden no coincidir, el Tiempo contraerse o expandirse, las cosas dislocarse, la Historia contradecirse. Lo que esté en la realidad de un Tulku viviente, es decir, de un Tulku real, ejemplar, de una mariposa-Tulku, más allá de lo Tulku, puede no estar en la realidad de otro Tulku real pero distinto del primero; o, inversamente, puede estar sobradamente en su contexto. Le aclaro esto para advertirle que, desde ahora, los partidarios de la Sabiduría Hiperborea deberán definir a cual realidad se refieren: si a la realidad del Führer muerto en la Cancillería-bunker de Berlín o a la realidad del Führer vivo, siempre joven en su Refugio Mágico, donde aguarda los tiempos históricos de la Batalla Final . Y le anticipo desde ya que los que elijan vivir en la primera realidad, ­serán considerados traidores, por más que se proclamen “nacionalsocialistas” o “nazis”.

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La clase magistral que acababa de dictar Tarstein me había hecho olvidar la guerra, la inminente derrota militar del Tercer Reich, y hasta la negra realidad de que no sabía qué iba a hacer de allí en adelante, si debía ir a morir al bunker, como decidió heroicamente la Legión Tibetana, o si habría de huir hacia un incierto destino en un Mundo sin el Tercer Reich, es decir, en un Mundo sinárquico. No quería ni considerar esta última posibilidad. En cambio abrigaba la secreta esperanza de que los Iniciados de la Orden Negra hubiesen decidido llevarme con ellos al Refugio Antártico del Führer: ¿no hice méritos suficientes para merecer tal distinción? Además allí estaba también Rudolph Hess, mi protector ¿acaso él desaprobaría mi presencia? Yo no comprendía completamente el misterioso asunto de los Tulkus y su facultad de poseer varios cuerpos. Ya te dije, neffe, que Yo me sentía único individuo, percepción que no varió hasta hoy, y entonces no veía qué problema pudiese haber en que otro Tulku se sumase a los Tulkus que se preparaban para la Batalla Final.
Antes de continuar con el relato de lo acontecido aquel día, el último que estuve allí, en la Gregorstrasse 239, quiero que repares en que la información aportada por Tarstein sobre Federico II aclara bastante las palabras de Belicena Villca escritas en el Día Decimonoveno de su Carta: allí decía “las causas (de la hostilidad de Federico II hacia la Iglesia Golen) fueron dos: la reacción positiva de la Herencia de su Sangre Pura gracias a la proximidad histórica del Gral, concepto que ya explicaré; y la influencia de ciertos Iniciados Hiperbóreos que el mismo Federico II hizo venir hasta su corte de Palermo desde lejanos países del Asia y cuya historia no me podré detener a relatar en esta carta”.
-Ud. ha traído hoy algo muy valioso para el Führer y la –comenzó diciendo Tarstein al regresar, mientras me alargaba un estuche de cuero con herrajes de plata y cerradura con llave– y Yo lo recompensaré con algo incomparablemente menor, pero no menos valioso para mí. Tome, Lupus, Kurt, mi libro inédito “Historia Secreta de la Thulegesellschaft”: en él está narrada la historia de los últimos 630 años de la rama alemana de la Casa de Tharsis, y contiene las pruebas de su destacada intervención en la fundación de la Orden medieval Einherjar, que duraría varios siglos y daría lugar en el siglo XX a la Thulegesellchaft, y luego a la Orden Negra . Se la entrego a Ud. porque he consultado con los Siddhas y ellos me han dicho que está predestinado a conocer todos los secretos de mi Estirpe: quizás a Ud. le sea dado saber lo que ni Yo he conseguido, esto es, seguir la historia milenaria de la Casa de Tharsis y descubrir la misión que le confiaron sus Grandes Antepasados.
Apreciaba que para Tarstein aquel desprendimiento era muy importante, pero entendía también que sutilmente me estaba despidiendo, y eso era lo que temía. Lo sentía por la sensibilidad de Tarstein pero Yo tenía que aclarar las cosas. Tomé el libro e ignoré su discurso.
–Habla Ud. como si no fuésemos a vernos jamás, pero a la vez como si Yo fuese a sobrevivir lo suficiente para leer este libro –dije con dureza.
Tarstein no se amilanó y decidió responder con ironía a mis desplantes, pero con similar dureza.
–¡Muy sagaz, Lupus! Pero es que efectivamente no volveremos a vernos en esta vida, a pesar que muy pronto nos reuniremos en la Batalla Final: ¡así de ambiguo es el Destino de los Tulkus! Me resultaba muy difícil comunicarle esto, créame, pero me alegra que Ud. haya ido al grano. Ahora le diré francamente cual es la situación: Ud. aún es un oficial d y debe cumplir las órdenes como todos. Y sus órdenes son: huír de Alemania de inmediato y ocultarse en la República Argentina, donde vive su Hermana.
–¡No! –grité, interrumpiendo las directivas–.
Ustedes no pueden hacerme esto. Yo he cumplido con todo cuanto se me ha ordenado hasta ahora, con toda la lealtad y el valor que he podido, pero estas órdenes son excesivas. Prefiero mil veces morir antes que sobrevivir en un Mundo dominado por los judíos. No es falta de valor, no es deslealtad, es asco, Camarada Tarstein, simple repugnancia y horror a vivir en un Mundo sin Honor, donde no flameen en ninguna parte nuestros estandartes: desde la infancia en Egipto, cuando me incorporé a la Juventud Hitleriana, he respirado sin cesar la Mística del Nacionalsocialismo; ¡nadie nos preparó para esto! No, Camarada, no fuimos hechos para ser derrotados por las fuerzas infernales y sobrevivir bajo su imperio. Hace un momento, abrigaba la esperanza que se me permitiese ser evacuado al Refugio del Führer-Tulku, como Ud. le llama; pero ahora Ud. me deja helado con sus órdenes de ocultarme en la Argentina. He sido oficial , he sido Iniciado, he desarrollado facultades asombrosas, pero ahora veo que sólo he sido un instrumento del Destino, un juguete de los Dioses. ¿Y sabe por qué me siento así? Porque, a pesar de todo lo que he sido y he hecho, la verdad es que Yo no comprendo nada, del mismo modo que no puedo ver el Signo que soy Yo Mismo y que Uds. tanto admiran. Y menos comprendo esta condena a sobrevivir a la destrucción del Tercer Reich. ¡Se lo suplico, Camarada Tarstein, si no es posible que parta con Uds. junto al Führer, pídame la muerte, concédame la autorización para morir con Honor, o hágame matar!
–Vea Kurt, se pone Ud. difícil y deberé interrumpir la exposición de sus órdenes para aclararle algunos puntos.
Primero, y principal, ya le advertí que, desde ahora, los partidarios de la Sabiduría Hiperbórea deberán definir a cuál realidad se refieren: si a la realidad del Führer muerto o a la realidad del Führer vivo. Y le anticipé que los que elijan vivir en la primera realidad serían considerados traidores por la Orden Negra. Ud., mi estimado Kurt, al plantearme el caso de la supervivencia en un Mundo donde el Tercer Reich ha sido derrotado, está participando de la primera realidad. Por supuesto, no voy a hacer de esto un silogismo y a concluir que Ud. es un traidor porque sé que no lo es. Solo que, en efecto, “no comprende la situación”, acusación que, según me ha dicho, ya le han hecho otras personas. Pues Yo le aclararé la si­tuación de tal modo que no le queden dudas: Ud. no se va a quedar en el Mundo que imagina como un condenado, sino que va a actuar como agente secreto de la Orden Negra en un Mundo efectivamente judaico; y va a actuar como representante del Führer vivo, como su quintacolumna, como un Iniciado infiltrado en territorio enemigo, nada diferente a las misiones que ha cumplido hasta ahora. Hágame caso, Kurt, Lupus, ¡no crea en la caída del bunker y el suicidio del Führer! Es la única manera en que podrá cumplir sus órdenes.
Segundo, y debe creerme, nosotros lo llevaríamos de buen grado al Refugio del Führer pero los Siddhas afirman que Ud. debe cumplir esta última misión. Como le dije hace años, Ud. no sólo es importante: es un soporte de primer grado para la Estrategia del Führer. Y la Estrategia no puede permitirse el prescindir de Ud. en el lugar en que tiene que estar sólo porque padezca de náusea y judeofobia. Lo que le pedimos no es imposible para Ud. y sé que cumplirá: Ellos lo necesitan aquí. Y los Dioses Leales son quienes deciden quién va y quién no va al Refugio del Führer: tal selección escapa totalmente a la voluntad de los Iniciados de la Orden Negra.
Tercero, Ud. ha presumido erróneamente que Yo también partiré al Refugio del Führer pero debo repetirle lo que le dije al comienzo: “no volveremos a vernos en esta vida”. Eso no significa que Yo esté autorizado para irme de aquí: como Ud., mis órdenes aseguran que debo quedarme en este Mundo, en esta casa de Berlín oriental que jamás será hallada por los rusos, ni así rastrillen todas las casas de la manzana. Sin embargo Ud. no debe venir a verme, ni debe ver a nadie más de la Waffen salvo a su entrañable Camarada Oskar Feil. Sobre Karl Von Grossen ya le diré cuáles son las órdenes. Eso es todo ¿Me ha comprendido Kurt? en caso afirmativo proseguiré exponiéndole sus órdenes."

¡¡¡GRACIA Y HONOR!!!

1 comentario:

Talos dijo...

Excelentes sus artículos,gracias amigo,saludos